MENSAJE EPISCOPAL DE PENTECOSTÉS 2006
INICIO DE LA VISITA PASTORAL, COMO TIEMPO DE GRACIA Y ENCUENTRO

“Recibirán la Fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes
y serán mis testigos hasta los confines de la tierra”
(Hc,1)!

 

   Queridos Hermanos, Pastores , Consagrados/as y fieles cristianos laicos: Al celebrar la Ascensión del Señor Jesucristo, hemos recibido de sus manos, como Iglesia Diocesana, la antorcha luminosa de la Misión y la alegría de emprender juntos, un camino pastoral, que se irá haciendo con la cordial pertenencia y participación de todos.

   Cristo al entrar en la Gloria nos asegura su presencia viva entre nosotros hasta el fin de los tiempos en la forma de clave sacramental. Se queda como pan de Vida en su Palabra, que debemos anunciar con fidelidad a todos. Permanece en la Eucaristía como Pan Vivo, para que su Visita redentora y transformadora, haga florecer y madurar frutos de Comunión, en cada una de las comunidades, llamadas a vivir y a hacer viva la Visita de Dios a su Pueblo peregrino. Se manifiesta a nosotros, de manera cercana en cada hermano, varón o mujer, niño, joven o anciano, especialmente en los más pobres de pan y en los más necesitados de amor.

1) DESDE EL PADRE Y CON EL PADRE NOS ENVIA AL ESPIRITU SANTO
   En estos días de espera pentecostal, hemos subido con María y los Santos Apóstoles al Cenáculo, para vivir una experiencia fuerte del amor de Dios que se derrama en nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado. Con María y la Iglesia estamos siempre en clima de Cenáculo para recibir al Espíritu Santo que viene en ayuda de nuestra debilidad y nos hace entrar en el corazón de la Visita de Dios a su Pueblo, en la Presencia de Cristo , el enviado por el Padre.
   En el Cenáculo, lugar del encuentro de Cristo con los Discípulos, nosotros hacemos memoria y revivimos el Misterio de la Última Cena. Es la primera Eucaristía como epifanía de la Pascua, que nos abraza hoy en cada Altar donde se celebra el Santo Sacrificio. Es fuente y cumbre de toda la vida y misión del cristiano. En ella nos experimentamos desde cada Parroquia como Iglesia Diocesana que se anima a preguntarse con seriedad y sinceridad: Iglesia: ¿Qué dices de ti misma? , ¿ Cómo sientes , vives y acoges la Visita de Dios? ¿ Cómo valoras y eres agradecida con las maravillas que el Señor fue haciendo en tu historia? “¡ El Señor es mi Pastor , nada me puede faltar! ”( S 22)
   La Iglesia, que en la Cruz, nació del costado abierto de Cristo , en Pentecostés , recibiendo al Espíritu Santo, que el Padre y el Hijo envían desde lo Alto y llena de este mismo Espíritu, sale al mundo a gritar el Evangelio , que revela en el Rostro doloroso, luminoso y glorioso de Cristo , la belleza más grande y la verdad más profunda: DIOS ES AMOR. Somos amados para amar.

2) ¡ BENDITO SEA EL SEÑOR , PORQUE HA VISITADO Y REDIMIDO A SU PUEBLO!
   Si entramos en las Santas Escrituras, descubrimos que la Salvación del hombre se presenta como la Visita que Dios hace a su Pueblo y entra en la historia para hacerla desde dentro, Historia de Salvación y Liberación.
   Por eso en la alabanza que hace Zacarías , el padre de Juan, el Bautista, se sintetizan las experiencias vivida por los padres , los profetas y el pueblo del Antiguo Testamento: “¡ Bendito sea el Señor , Dios de Israel, porque ha visitado y liberado a su Pueblo!” (Lc. 1,68).
   Con el Precursor se abre un mensaje de conversión, que anuncia y prepara la más grande Visita de Dios y que todo el Evangelio lo da a conocer: Es Jesucristo, el Señor. “Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios diciendo: Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su pueblo”(Lc 7,16) “Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo para que tuviéramos Vida por medio de Él”( 1 Jn. 4,9).
   El tiempo Pascual que culminamos en Pentecostés, nos ha hecho entrar en el Misterio de Cristo, que es Dios, y en Él, que se hizo hombre y solidario con todo lo verdaderamente humano, Dios en persona ha visitado y se ha hecho presencia permanente en medio de nosotros que caminamos hacia la Meta de toda la humanidad , que es la Pascua eterna en la Casa del Padre.
   “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”(Mt 28,16-20)
   Cristo Jesús, es la plenitud de las Visitas de Dios a su pueblo, en Él, el Buen Pastor Resucitado , el Padre nos amó hasta el extremo, se nos dio todo. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” “Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios”(Jn 1,11-12).

3) LA VISITA DE DIOS EN CRISTO SE PROLONGA HOY SACRAMENTALMENTE
   En María la Virgen , Madre del Señor, al visitar a su parienta Isabel, se insinúa el misterio de salvación por el que Dios ha visitado y redimido a su pueblo y esta visita de María se fue dando en distintos momentos de la historia de la Iglesia para ayudar a sus hijo a volver a Dios.
   La Iglesia desde Pentecostés, como Sacramento, alimentada por la Palabra , nutrida por los sacramentos divinos y llena del Espíritu Santo, visita a todos los pueblos para que reconozcan a Cristo como su Salvador. María es la Madre y el miembro más eminente de la Iglesia, el rostro más bello de la esperanza, la que cuida de la santidad de los corazones.
   En el Misterio de la Iglesia como comunión y misión, los Apóstoles , sus sucesores y sus cooperadores hacemos visible sacramentalmente, la cercanía de Cristo, el enviado del Padre, que visita a sus hijos, uniéndolos en su Corazón. Nosotros somos indignos instrumentos y a través de nuestra pobreza , que Él toma en sus manos y le da fecundidad, hace sentir su presencia y su obra en los corazones que se abren a los signos y a las señales de su cercanía. “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes me rechaza a mí; y el que me rechaza , rechaza al que me envió”(Lc,10,16).

4) LA VISITA PASTORAL NOS CONFIRMA EN LA FE Y EN EL APOSTOLADO
   Teniendo el ejemplo de los Santos Apóstoles, recorreré cada una de las Comunidades Parroquiales para realizar mi ministerio episcopal de una manera más intensa y prolongada.
   En estos dos años he visitados varias veces las Parroquias y he tratado de confirmarlos en la verdadera fe y en el auténtico apostolado y he tenido la oportunidad de ir grabando rostros y de hacer sentir mi cercanía pastoral.
Desde este Pentecostés, la Visita Pastoral Canónica me ayudará a vivir la caridad pastoral y conocer más profundamente cada Comunidad y poder alentarlas en lo realizado y a vivir el camino emprendido juntos, hacia una Pastoral Orgánica, con la participación cordial de pastores y fieles, consagrados y laicos, para que todos seamos uno.
   Nos enseñó Juan Pablo II : “La visita pastoral es el momento en que el Obispo ejerce más de cerca de su pueblo el ministerio de la Palabra, la santificación y la guía pastoral, en contacto más directo, con las angustias y las preocupaciones, las alegrías y las expectativas de la gente con la posibilidad de exhortar a todos a la esperanza. Así, la visita pastoral muestra que el obispo, es un signo de la presencia del Señor que visita a su pueblo en la paz”.(PG 46).

   Ruego con fe y confianza al Espíritu Santo, su asistencia e inspiración y pido a ustedes, mis hijos, que me ayuden a ejercer la triple misión de enseñar, como Maestro de la Fe, de Santificar confirmando en la fe y en la santidad de cada uno y de gobernar siendo el primero en el amor .Quiero se entre ustedes, padre, hermano y amigo. Con las tres palabras que puso en mi corazón el Papa Juan Pablo cuando fui designado obispo: Iluminar, consolar y corregir con amor. Necesito de la oración de ustedes, especialmente, de los niños y de los enfermos.

5) EL ESPÍRITU QUE DEBE ANIMAR LA VISITA PASTORAL (NMA 3-20)
   El mismo Espíritu Santo que impulsó a Jesús es el que debe animarnos siempre para que podamos ser discípulos y misioneros santos.
   El Espíritu nos hace tener la Fe que nos da la certeza de sabernos amados por Dios, para amar.
   Hace crecer en nosotros la Esperanza firme y creativa, fundamentada en la presencia viva y cercana de Cristo Resucitado.
   Enciende la Caridad, para que nos acerquemos a los demás con entrañas de misericordia.
   El hace posible la Comunión para que la visita nos ayude a crecer en la espiritualidad de comunión y ser creíbles en nuestro testimonio.
   Nos hace vivir en el fervor misionero para que no perdamos la dulce y confortadora alegría de evangelizar.
   El Espíritu suscita en cada comunidad y cada fiel un anhelo de santidad, un fuerte deseo de renovación personal que no sólo se alimenta en la oración del corazón, sino también en la misión cotidiana empezando por casa y llegando hasta los confines de la Parroquia y en donde estemos.

“Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hc 4,20) “El que pueda entender, que entienda lo que el Espíritu dice a las Iglesias”(Ap 1,19-3,22). “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”( 3,20).El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!, y el que escucha debe decir ¡Ven!” (Ap 22,16-21).

¡LA PAZ ESTE CON USTEDES!
   Los abrazo con mi bendición, queridos hermanos y hermanas, “ rememos mar adentro hacia lo más profundo, nutridos por la Palabra y reconfortados en el banquete de la Eucaristía.
   Que Jesús resucitado, el cual nos acompaña en nuestro camino, dejándose reconocer como a los discípulos de Emaús al partir el Pan (Lc 24,30), nos encuentre vigilantes y preparados para descubrirlo y correr hacia nuestros hermanos llevándoles el gran anuncio: ¡Hemos visto al Señor! (Jn 20,25).
   Que María, la Madre de Dios y Madre nuestra, nos tome de la mano y con su ternura nos haga subir al Cenáculo, para vivir un permanente y actual Pentecostés.

¡DIOS ES AMOR!
¡VEN A VISITAR TU VIÑA, SEÑOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo

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