HOMILÍA DE LA MISA CRISMAL 2011
Y TOMANDO UNA COPA, DIO GRACIAS Y DIJO: “TOMENLA Y COMPÁRTANLA ENTRE USTEDES.
Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la
vid hasta que llegue el reino de Dios” (San Lucas 22,17-18)

 

Queridos hermanos en el Señor

   Durante el Camino Cuaresmal, en este “Año dedicado a la Vocación a la Vida”, nos hemos dado cuenta de un modo constante que “necesitamos convertirnos a la luz del encuentro personal y comunitario con Cristo Vivo”.

   A la luz de la Palabra de Dios, hemos encontrado una expresión del Libro del Deuteronomio muy actual, también para nosotros “Consagrados del Señor”, reunidos en torno al altar en la diversidad de dones y carismas. Nos ha dicho el Señor … “Elige la vida y vivirás tú y tus descendientes (Dt. 30,19)”

   ¡Cuánto bien nos han hecho éstas recomendaciones de un Libro Bíblico tan antiguo y tan nuevo!; y aunque a muchos les parezca que todo está perdido, queremos hacernos partícipes de la expresión del Papa Benedicto XVI durante la Jornada Mundial del Enfermo de 2011: “A la prepotencia del mal, Jesús respondió con la Omnipotencia del Amor”; por eso queremos revitalizar la práctica del amor fraterno enraizado en la fe.

Y TOMANDO UNA COPA, DIO GRACIAS …
   Hoy en ésta Misa Crismal junto a la bendición de los santos óleos, la Palabra del Señor vuelve a salir a nuestro encuentro.

   No ya la palabra anunciada en el Antiguo Testamento, ahora es el mismo Jesús de Nazareth, el Ungido, quien nos habla, anuncia y propone continuar su misión, esa misión recibida por el Padre; y prolongada en la vida por el Espíritu Santo como historia de salvación.

   “Creemos que la espiritualidad es vivir en lo cotidiano el dinamismo del amor trinitario a ejemplo de Jesús para encarnar e irradiar sus mismos sentimientos”; por eso estamos hoy aquí, en torno a una misma fe y a un mismo amor, celebrando al Señor de la vida.

   Jesús nos invita a reconocer que “El Espíritu del Señor está sobre él y sobre nosotros”. Demos gracias con Jesús, tomando la “copa de la Vida”; sí, demos gracias …

1 …  por el Sacerdocio Ministerial: “Don y Misterio - Regalo para la Iglesia y para el mundo”

2 ... Él nos invita a dar gracias por EL Orden de Vírgenes , los Institutos de Vida Consagrada: “Fuentes de la Gracia Divina en las Obras de Misericordia, expuestas con la audacia de sus Fundadores y en la comunión de los Santos”

3 …  El Nazareno, en quien se cumplen hoy las Escrituras, nos invita también a mirar a nuestro alrededor, y a dar gracias por los Laicos, con quienes “queremos crecer en el compromiso ciudadano y eclesial respondiendo a los grandes problemas de la sociedad”

4 … La acción de gracias quedaría incompleta si no recordamos también a los receptores de la Buena Noticia de Jesús, tantos hombres y mujeres anónimos, tantos niños y jóvenes, adultos y ancianos, cómplices del amor de Dios expresado en la amistad y en el servicio.

5 Sí, Creemos que la Iglesia es la comunidad que acompaña, da espacio, acoge y escucha a los hermanos en toda su realidad.

“TOMENLA Y COMPÁRTANLA ENTRE USTEDES”

   Sí!, Jesús da gracias al Padre Eterno; pero esa copa conlleva una segunda invitación:

“TOMENLA Y COMPÁRTANLA ENTRE USTEDES.

   Sí!. Tómenla con la fragilidad de sus manos, pero no la beban solos. Compártanla entre ustedes.

   Aquellas manos “que los sostuvieron al nacer”, se volvieron “manos sacerdotales”, impuestas sobre ustedes en el Sacramento del Bautismo. Pero eso no ha sido todo.

   Por gracia de Dios, se ha vuelto a presentar la “Imposición de Manos en la Confirmación”, por eso nadie puede expresar “no tengo fe”, si dice: “el Espíritu del Señor está sobre mí.”.

   Pero Dios fue más generoso aún.

   En la ordenación Presbiteral, los Presbíteros presentes imponen las manos como gesto de acogida al nuevo ordenado, pero es la imposición de manos del Obispo el signo que hace efectiva la ordenación junto a la oración consagratoria. Vemos así, que el gesto de la imposición de manos comprende en toda la tradición bíblica y que da la idea de la transmisión de un oficio. (Núm 27, 15-23; Dt 34,9; 1 Tim 4,14; 2 Tim 2,6)

   Sí!. Tomemos con la fragilidad de las manos el Cáliz de la Nueva Alianza, pero no lo bebamos solos. Compartamos con todo el pueblo de Dios la Copa del gozo y el Cáliz del sufrimiento.

   Buscamos un acompañamiento más fraternal, paternal-maternal; descubriendo, valorando y dando lugar a los dones y los carismas que el Espíritu Santo da a nuestros hermanos.

   “Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios”

   Ya hemos dicho que por la imposición de manos y la oración consecratoria recibimos el orden sagrado, Cristo nos hace uno con El. Es también un signo eclesial, por eso en la ordenación de presbíteros los sacerdotes concelebrantes también imponen las manos al ordenando, no se trata de un signo sacramental (esto solo lo realiza el Obispo) sino de un signo de comunión.

   Somos presbíteros no aislados sino en un presbiterio que nos recibe como hermanos en el momento de la ordenación.

   Creemos que la misión es compartir la experiencia del acontecimiento salvador del encuentro con Cristo Vivo; viviendo el misterio de Cristo enviado del Padre continuando el mandato evangelizador; reavivando la conciencia, el ardor y el impulso de Pentecostés.

   Trabajemos juntos, “hasta que llegue el reino de Dios”.

   Trabajemos con los signos de la Pascua: Trabajemos en paz y alegría, anunciando al Resucitado y apacentando el rebaño que él mismo nos ha confiado.

   Trabajemos en la diversidad de edades, situaciones, carismas. Sigamos trabajando, ya que necesitamos crecer en participación, que tenemos poco sentido de pertenencia.

   Queridos hermanos en el Señor. Trabajemos juntos, “hasta que llegue el reino de Dios”.

   Hoy, en esta Misa Crismal, como Presbiterio y como Pueblo, queremos ...

Renovar el encuentro y el anuncio de Jesucristo vivo; desde una Iglesia:
que tiene como centro la Palabra, la Eucaristía y la Evangelización Permanente;
que es servidora, formadora y misionera, con la cordial pertenencia y participación de todos;
que vive una clara opción por la familia, los más necesitados, los jóvenes y las vocaciones;
para la transformación; de la Sociedad, la Educación, la Cultura y el Trabajo;
hacia la Civilización del Amor, la Comunión y la Cultura de la Vida;
al servicio de todo hombre y de todos los hombres, y sus vínculos sanos con los demás.

   Que Nuestra Señora , Madre Sacerdotal cuide de nuestra fidelidad a Cristo y de nuestro amor a la Iglesia.

¡DIOS ES AMOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo

“¡ELIGE LA VIDA Y VIVIRÁS!”

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