Homilía Domingo de Pascua Año 2004

 

   Mis queridos hermanos: Fieles cristianos, venidos de la diócesis, autoridades presentes, agentes apostólicos ¡Santa y felíz Pascua de Resurrección!

  1. Los cristianos de todo el mundo hemos esperado con María, Señora del Sábado Santo, Señora de la Esperanza y del Amor hermoso, la celebración gozosa de la Resurrección de Jesucristo, el Señor.
    Bienvenidos mis hijos e hijas, hermanos y hermanas, venidos de todas las comunidades esparcidas a lo largo y a lo ancho de toda esta querida Iglesia Local, que es nuestra Diócesis.
    En mi mensaje pascual les decía, pidiendo permiso al Evangelio: "He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de partir" (Lc. 22,15).
    Esta presencia orante de todos ustedes, me conforta y consuela al partir hacia una tierra lejana, pero no extraña, con el gozo de la Pascua y la alegría del canto del Aleluia compartido. Quiero hacer de mi vida un canto nuevo que consuele y llene de esperanza cristiana los corazones de mis nuevos hijos e hijas que iré encontrando en el camino hacia la Jerusalén Celestial.
     

  2. El Evangelio proclamado nos lleva a centrarnos en Cristo Resucitado que viene a hacer una fiesta muy en lo íntimo de cada corazón. Nosotros los caminantes de estos tiempos difíciles, donde no faltan los desencuentros, las tristezas, los cansancios y desilusiones, somos interpelados.
    Como los dos discípulos que no entendieron la Pasión del Señor y sus anuncios proféticos. Todos estamos en camino: dando las espaldas a la Pascua o corriendo al encuentro del Señor que vive y, que viene, Él siempre viene. Su venida es fuente de alegría y de esperanza comprometida, venida en el tiempo de nuestra peregrinación. Concientes que el tiempo no es algo que pasa, sino Alguien que viene y que siempre tenemos que estar dispuestos.
     

  3. a) Estamos llamados a reconocer a Cristo, que en el camino de la vida, se hace nuestro prójimo y es a Él. a quien debemos descubrir en el hermano que camina con nosotros, a nuestro lado.
    En este día se nos invita a escuchar la fuerza Pascual del Mandamiento Nuevo, como clave del camino que realiza: "ámense los unos a los otros como Yo los he amado."
    Si nos amamos es que Cristo Resucitó y todo lo que le hacemos a los demás se lo hacemos al mismo Señor.

    b) En el camino de la vida, Cristo es la Palabra hecha carne resucitada.
    En este camino de fe necesitamos descubrir a Cristo, en la Palabra que da el sentido de la vida, consuelo en el dolor y fortaleza y valentía en las pruebas:
    Preguntas que deben golpear , nuestra conciencia y que brotan de Jesús resucitado
    ¿Cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas?
    Frente al desaliento y al miedo de la cruz nos dice el Señor
    ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?
    Su Palabra es alimento que transforma los corazones y nos exhorta a la respuesta esperanzada.
    "Señor ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna y nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".

    c) La Palabra recibida hace brotar la oración: "Quédate con nosotros, Señor, porque ya es tarde y el día se acaba." Lo noche se nos viene encima.
    El Espíritu Santo hace brotar de los corazones la oración que lleva al encuentro con la Verdad más profunda y misteriosa. "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"
    Cristo entró y se quedó con ellos como se queda con nosotros. Y estando a la mesa "Tomó el Pan y pronunció la Bendición, luego lo Partió y se lo dio. Ante la Eucaristía se le abrieron los ojos y lo reconocieron que era Ël.
    Hay muchos bautizados que le dan las espaldas al altar y al domingo , que es la Pascua semanal, la gran oportunidad de contemplar su Rostro Seamos nosotros, los misioneros, que salgamos a los caminos a invitar para que vuelvan al Banquete del Amor Resucitado y así la Eucaristía sea el corazón del Domingo y el Domingo, el corazón de la semana. ¡Bendita Pascua del Señor y la Pascua de la Iglesia! Esta experiencia del Señor nos convierta en misioneros y testigo de su Resurrección:"En ese mismo momento los discípulos se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén" para compartir la experiencia de lo que significa encontrarse con el Señor, y encontrarse con la Verdad completa.

   Los Hechos de los Apóstoles, que hemos escuchados nos exhortan a lo que debemos hacer como Iglesia Diocesana, que hace 15 años comenzó un proceso pastoral nuevo y que debe alcanzar ahora la Mística Pascual y la más auténtica espiritualidad de la Comunión

   "Ustedes ya saben que ha ocurrido, cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con Él" También nosotros demos hacer siempre el bien y ser coherentes con nuestra fe y que nuestro camino moral supere las mezquindades del egoísmo que enfría o mata el amor, en los esposos, en las familias y en la sociedad y muy unidos en cada comunidad vivamos la alegría de Evangelizar. "Nosotros somos testigos de todo lo que hizo y nos envió a predicar al pueblo y a ser sus testigos ..." (Hc. 10-37)

   Hermanos y hermanas, autoridades y pueblo, que la Pascua de Jesucristo nos haga descubrir el camino nuevo de la Iglesia y el rumbo luminoso de la Patria. Muchos signos nos está gritando que las cosas no andan bien y el sufrimiento de muchos no nos puede dejar en la indiferencia sino que nos tiene que llevar al compromiso para hacer con Jesús nuevas todas las cosas, para que triunfe la vida, toda vida sobre la muerte; triunfe el amor auténtico, sobre el odio o el rencor que no nos deja ser felices y triunfe la honestidad sobre la corrupción, en lo político, en la justicia, en lo económico, y en lo social.

   Porque creo en la Resurrección de Cristo, espero un cielo nuevo y una tierra nueva.

   Me despido de ustedes y voy enviado a una tierra lejana donde tendré que pastorear mucha pobreza no solo material si como en toda la Argentina especialmente moral.

   Rueguen para que sea siempre el amor de Cristo el que apremie y ¡ay de mí si no evangelizare!

   Que María, Señora de la Pascua, que compartió la Pasión del Señor, su Hijo, cuide nuestra fe y anime el compromiso evangelizador de todos, en esta querida Iglesia Local de San Francisco que es la Diócesis.

   Gracias por todo el amor que me han brindado me llevo la fidelidad de la participación en el camino pastoral de la Diócesis.

   Perdón por todo y los abrazo con mi bendición.

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