MENSAJE EPISCOPAL DE CUARESMA 2008
“ ESTE ES MI HIJO MUY QUERIDO, ESCÚCHENLO”

 

Queridos Hermanos: Pastores y Fieles
Con el gesto penitencial del ayuno y con el signo de la imposición de las cenizas bendecidas, el próximo miércoles 6 de febrero daremos comienzo al sagrado tiempo de Cuaresma. Un tiempo favorable que nos hará caminar con Cristo desde el Jordán hacia Jerusalén , para vivir la Pascua. como bautizados y ciudadanos heridos por el pecado y la corrupción. Un camino de conversión y de renovación espiritual para ser desde dentro hombres y mujeres nuevos.

1. PEREGRINEMOS HACIA DENTRO DEL CORAZÓN (Mc 1,7-11, Lc 3,15-22)
Hagamos un camino hacia dentro, hacia los más hondo para descubrir la grandeza del Bautismo. Bajamos con Cristo a las aguas del Jordán, para hacer memoria de nuestro Bautismo y vivir en este tiempo la experiencia de dejarnos cubrir con la sombra del Espíritu y oír muy dentro del alma, la voz del Padre que nos dice mirándonos en Cristo: “Este es mi Hijo muy amado”. En Él, nos lo dice también a nosotros. Somos hijos de Dios y esta es, nuestra más grande dignidad, elegidos por amor para ser sus hijos muy amados. “¡Reconoce, oh Cristiano, tu dignidad!” En un mundo que tiende a anular la paternidad, nosotros gritamos que Dios es nuestro Padre y “de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra” (Ef.3, 15). Él grabó en nuestras entrañas el rostro de su Hijo y nos adoptó como hijos: esta verdad nos lleva a buscar al Padre y a salir al encuentro de los hermanos y hacer el “ nosotros” de la Iglesia. La Cuaresma nos ayuda a descubrir la belleza del Bautismo y su fuente, que es la Cruz :“Cristo fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación” (Rm. 4,25) Nos preparamos juntos, para renovar las promesas bautismales en la Vigilia Pascual, muriendo y resucitando en el Sacramento de la Reconciliación.

2. SOMOS FRÁGILES Y LAS TENTACIONES NOS SACUDEN (Mt.4,1-11)
Queridos matanceros: La Cuaresma nos lleva a asumir lo frágil que somos y que el mal nos invade de tantas maneras y nos hace descubrir que todo lo debemos integrar en el Misterio Pascual de Jesús: integrar nuestra frágil realidad en el Árbol de la Vida que es la Cruz.
San Pablo nos deja su Magnificat, es decir, su reconocimiento del Señor que obra y su alabanza, al experimentar su debilidad y cómo es liberado y sostenido por Él. “Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, para que no sea orgulloso, tengo una espina clavada, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero Él me respondió: “Te basta mi gracia porque mi poder triunfa en la debilidad”. Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad para que resida en mí, el Poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy más fuerte.”(2Cor 12, 7-10 )“ Todo lo puedo en Aquel que nos conforta, nos testimonia Pablo. Es Dios el que nos hace santos, nos transfigura y nos cambia desde dentro del corazón y da sentido a la vida.

3.LA TRANSFIGURACIÓN DE CRISTO CAMBIE NUESTRA VIDA ( Mt. 17,1-9)
“Maestro ¡es hermoso para nosotros estar aquí!” Esto brota del corazón de San Pedro que experimenta a Cristo transfigurado que lo lleva a contemplar la Belleza que salva , lo prepara para no escandalizarse de la Cruz.
Hermanos: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello una orientación decisiva” (A 243). Es un encuentro con Cristo, que esta vivo.
En la Cuaresma, el Acontecimiento de la Transfiguración de Cristo es para llevarnos a este encuentro en la fe con Él, capaz de iluminar, transfigurar y transformar la vida. ¡Creer es mirar con tu ojos Señor y darle a la vida todo su valor!
Nos encontramos con Cristo: en la Iglesia que proclama la Palabra de Dios y celebra la fe en su Liturgia. “La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. El nos atrae hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo hacia Dios y hacia el prójimo”.(A251)
Desde esta Cuaresma, hagamos del Domingo el corazón de la Semana, de la Eucaristía el corazón del Domingo y bajemos a la vida diaria para descubrir y servir a Cristo en los demás.

4. AL RESUCITAR A LÁZARO, ÉL NOS RESUCITA CON SU PERDÓN. (Jn. 11,1-45)
La Cuaresma es un camino y un proceso de muerte y resurrección. El pecado es muerte. Recordemos la parábola de hijo pródigo (Lc.15). Es tiempo de convertirnos y de volver a la Casa para ser abrazados por el Padre en el Sacramento de la Reconciliación.
“La conversión es la respuesta de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en Él por la acción del Espíritu, se decide a volver a ser su amigo y seguirlo a Él, cambiando su forma de pensar y de vivir, aceptando la Cruz de Cristo, conciente de que morir al pecado es alcanzar la vida. En el Bautismo y en el sacramento de la Confesión, se actualiza para nosotros la Redención de Cristo”(A, 278, b).
“El Sacramento de la Reconciliación es el lugar donde nosotros los pecadores experimentamos de manera singular el encuentro con Cristo, quien se compadece de nosotros y nos da el don de su perdón misericordioso, nos hace sentir que el amor es más fuerte que el pecado cometido, nos libera de cuanto nos impide permanecer en su amor y nos devuelve la alegría y el entusiasmo de anunciarlo a los demás con corazón abierto y generoso” (A254).

5. VIVAMOS LA SEMANA SANTA , SEDIENTOS DE DIOS (Jn. 4,5-42 y Jn. 9,1-41)
En el Evangelio citado de la Samaritana, su encuentro con Cristo, nos prepara para vivir la Cuaresma y la Semana Santa con un corazón disponible, para dejar que Cristo nos toque las heridas profundas, que no nos dejan vivir en paz, nos quitan la alegría y apagan el amor.
Como la Samaritana no tengamos miedo a la mirada de Cristo que no se queda en las apariencias sino que llega al corazón para que saquemos fuera la verdad de lo que somos.
Sedientos de Dios y buscando con sinceridad la Verdad dejemos entrar el Agua que salta hasta la Vida eterna para que la Cuaresma sea un caminar con Cristo y con los hermanos hacia Jerusalén para vivir la Semana Santa con los mismo sentimientos de Cristo Jesús. (Fil,2,5)
El otro Evangelio es el encuentro del ciego de nacimiento con Cristo, que le abre los ojos para que vea. Esto nos ayuda a descubrir en este camino de bautizados las preguntas que el Señor nos hace a cada uno y a toda la Iglesia: “¡Crees en el Hijo del Hombre?” Y como el ciego que comenzó a ver, le digamos de corazón: “Creo, Señor” “y se postró ante Él”.
Con María, la Madre que sufre la Pasión de su Hijo, hagamos del desierto de la Cuaresma un reencuentro con el Dios vivo y verdadero y con gestos de perdón y de reconciliación construyamos, la familia , una sociedad más cristiana y una patria de hermanos.
Invitando a leer y meditar los textos del Evangelio citados, los bendigo de corazón.

¡DIOS ES AMOR!

Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo

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