PALABRAS DE DESPEDIDA
Monseñor
 Damián Santiago Bitar (24-11-2010)

 

   Si por unos instantes cierro los ojos, me parece ayer, cuando celebraba la Santa Misa en un pequeño pueblo de la diócesis de Villa María, colaborando con un párroco desde el Obispado.

   O recuerdo las palabras del Nuncio el 26 de septiembre de 2008 “el Santo Padre lo ha nombrado Obispo Auxiliar de San Justo”... En aquel momento los parientes y amigos festejaban, porque lo consideraron como un asenso, un título, un cargo importante, pero yo no estaba muy alegre que digamos, ya que entre otras cosas, esto implicaba dejar después de 45 años, la tierra y diócesis natal, cercanía familiar, amigos, sacerdotes, seguridades humanas…y comenzar una nueva etapa en el Gran Bs. As….Territorio desconocido y temido por los habitantes del interior del país, entre los cuales me encontraba yo …

   Dios en su bondad me hizo ver que el llamado al ministerio apostólico era un llamado a la conversión, al discipulado-misionero, a superar tibiezas y mezquindades, a una mayor integridad de vida…y entonces, casi de golpe, se resignificaron palabras y enseñanzas, como las de Jesús: “El que quiera ser grande que se haga pequeño, el que quiera ser el primero que se haga el último, el servidor de todos”, o las palabras de San Pablo al joven obispo Timoteo: “Recuerda a tu madre y a tu abuela, de ellas recibiste la fe …”, es decir “recuerda de donde has salido”; también las de Mons. Casaretto: “La clave para un obispo es seguir viviendo a fondo el espíritu sacerdotal, al que se sintió llamado desde el inicio de su vocación, porque un obispo es ante todo un sacerdote” y por último aquellas palabras geniales del Cura Brochero: “No son estos trapos benditos los que me hacen sacerdote, sino llevo la caridad en mi pecho ni a cristiano llego”.

   Han pasado casi dos años…por un lado parecen dos días… por otro lado, un tiempo intenso, cargado de profundas y sencillas vivencias que considero regalos de la divina Providencia: la convivencia con el Obispo Diocesano Baldomero, la celebración de la Eucaristía en las parroquias y capillas, la cercanía, serena y fraterna con los sacerdotes, los seminaristas, los diáconos, la vida consagrada, el laicado, la Acción Católica, el personal de la curia y con muchas otras personas conocidas en estos 23 meses …

   Por otra parte, me parece increíble, tener que partir hacia Misiones para tomar el báculo dejado tan repentinamente por el Obispo Víctor, fallecido el 17 de mayo a tan solo 9 meses de la creación de la diócesis.

   ¿Cómo “leer” desde la fe este recorrido de la “barca”; de la pampa sojera de Córdoba, al Gran Bs. As y desde aquí al “mar verde-rojizo de Oberá?

   La respuesta me llegó hace unos días de parte del Cardenal Bergoglio: “Dios es más grande, Dios te escribe la vida; hay que dejar que la escriba…” lo que me recordó al instante el consejo de Madre Teresa a un sacerdote: “Debemos dejar las manos libres a Dios para que se sirva de nosotros sin consultarnos”.

   ¿Qué me esperará en esta nueva diócesis, de alguna manera, tan distinta a la de San Justo? No lo sé, nadie lo sabe … Procuraré recordar las palabras de Imitación de Cristo que con algunos de ustedes meditamos en retiros y homilías: “Señor ¿dónde me fue bien sin Ti y dónde me puede ir mal estando tu conmigo?; y también esta enseñanza de Juan Pablo II a los sacerdotes: “El seguimiento de Jesús conlleva abandonos de diversos tipos. Pero estos abandonos no son pérdidas, sino ofrendas entregadas, que el Señor al recibirlas nos las devuelve multiplicadas. Nunca quedamos abandonados por el Señor al entregarnos a El.”

   Aunque no pueda saludar y abrazar a cada uno, deseo agradecer vivamente la presencia, la oración, y el afecto recibido en ese día y en este tiempo compartido, y pedirles perdón, al Obispo y a ustedes, si no he sabido estar a la altura espiritual y pastoral que esta “hora”de la Iglesia reclama.

   Sabemos que el puente indestructible de la oración y de la Eucaristía nos unirá a pesar del tiempo y la distancia.

   Quisiera despedirme con las mismas palabras que San Ignacio de Loyola dijo a San Francisco Javier cuando éste partía a misionar: …”Escríbeme, por menudo, tus andanzas y sucesos: ni los agrandes por vano, ni los calles por modesto; que de Dios serán las glorias y tuyos sólo los yerros.

   Piensa que ya en esta vida no volveremos a vernos. Te emplazo para la Gloria, que para los dos espero, por la bondad del Señor, que no por méritos nuestros.

   Mientras tanto Javier mío, porque no nos separemos, llévame en tu corazón, que en el mío yo te llevo”.

   Muchas gracias

Monseñor Damián Bitar
   Nació en Arroyo Cabral, provincia de Córdoba, el 12 de febrero de 1963; ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1987 por monseñor Alfredo Guillermo Disandro, obispo de Villa María; elegido obispo titular de Torre de Tamalleno y auxiliar de San Justo, el 4 de octubre de 2008 por Benedicto XVI; ordenado obispo el 8 de diciembre de 2008 en la catedral de la Inmaculada Concepción de Villa María. Asumió sus funciones el 21 de diciembre de 2008 y el 26 de octubre de 2010 fue trasladado como obispo de Oberá, sede de la que tomará posesión el próximo 4 de diciembre.

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