MENSAJE EPISCOPAL DE ADVIENTO
“Tu Señor vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos” Is 63"

 

      Queridos hermanos: Comenzamos un nuevo Año Litúrgico y esta presencia de Dios en el vivir de cada día hace que la eternidad se mueva misteriosamente en el tiempo y así nuestro tiempo adquiera dimensiones de eternidad. Dios en el hombre y su historia y nosotros y nuestra historia en Dios, Amor que salva , sana y eleva.

   El Adviento, renueva en nosotros el deseo de Dios, porque es tiempo de espera, y la espera confiada profundiza el deseo y hace más gozoso el encuentro. La insatisfacción profunda del hombre tiene sus raíces en la ausencia de Dios. “Nos hiciste Señor para Ti..” Por eso existe en el alma de cada uno un lugar virginal, que no puede ser llenado sino por Dios. El adviento nos prepara para que vivamos con pasión la espera y abramos nuestro corazón al Niño que vino, que viene y que vendrá. El Adviento, renueva en el tiempo el amor por el Amado Esperado y nos recuerda que “nuestro corazón estará inquieto, insatisfecho, hasta que descanse en Él”.

   Este tiempo de Gracia, tiene que ser también tiempo de conversión para la misión. Sólo un hombre renovado, sólo una Iglesia rejuvenecida, podrá ser testigo de esperanza y será capaz de poner en práctica el mandamiento nuevo del amor que “nos impulsa no sólo a prestar al prójimo algunos servicios sociales, sino también a ayudarle a conseguir el mayor bien: la orientación constante hacia el Dios vivo, la comunión con Jesucristo, el descubrimiento de su vocación a la santidad, la apertura a la voluntad de Dios, la alegría de una vida que, en cierto sentido, ya anticipa la felicidad de la eternidad”

   Uno de los grandes desafíos que se nos presenta a los cristianos, es la exigencia de ser constructores de un mundo más justo, de una sociedad más equitativa, más evangélica. Es por eso, que debemos ejercer nuestra condición de profetas, alzando nuestra voz, para denunciar las injusticias que sumergen al hombre en la pobreza y llevan a la violación de los derechos humanos fundamentales.

   Sin duda, esto nos va a acarrear grandes dificultades, enemistades, incomprensiones y por qué no, persecuciones. La falta de una visión trascendente del hombre y su historia, y la demostración de intolerancia de algunos sectores, nos traen a la memoria aquellas palabras que nos decía el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria: “también hoy creer en Jesús...conlleva una opción por Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el martirio de quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra la corriente para seguir al Divino Maestro.. Un martirio sin sangre, pero martirio al fin.

   Este gran desafío, nos apremia a “restaurar las bases de la convivencia social para generar espacios de diálogo y esfuerzos compartidos en la solidaridad, en la búsqueda de la justicia y en el respeto a la verdad”.

   Por eso es que el camino pastoral que hemos emprendido, tiene que ser un camino de esperanza en el que se haga posible, con la Gracia de Dios, lo que parece imposible: transformar el corazón del hombre y de las estructuras, viviendo la comunión eclesial que es el reflejo de la comunión Trinitaria y en ella encuentra su fundamento y razón de ser.

   Con la Gracia del Espíritu Santo que hace crecer en la comunión y la participación, este Adviento nos abra a una espera del Señor que viene con una intensa y fecunda oración.

   Oración vivida en familia, que nos lleve cada Domingo a la participación gozosa de la Eucaristía Parroquial y que cada Comunidad acoja con mucha cordialidad a los hermanos que buscan con sinceridad la verdad y quieren encontrar en nosotros la vivencia concreta del amor.

   Que la Oración y la Eucaristía nos lleve a realizar gestos solidarios de encuentro y de amor con los hermanos más necesitados material y espiritualmente.

   La Virgen de la dulce espera, nos eduque maternalmente el corazón, para que vivamos una Navidad cristiana, Navidad con Cristo y con los hermanos.

   En Jesús, el Cristo, que vino , viene y vendrá, reciban mi Bendición Pastoral y mi abrazo paternal.

¡DIOS ES AMOR!
Baldomero Carlos Martini
Obispo de San Justo

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